"Veis varios jóvenes, de todas las etnias, mayormente jóvenes,
vistiendo camisetas blancas con el logotipo de un cocodrilo."
Toda historia necesita villanos. Y todo arco de Cyberpunk gira en torno a una corpo o banda que entorpece significativamente los objetivos de los personajes. En el arco de Woodland Park, esa banda son los Albino Alligators. Una banda de poca monta, en verdad, que prácticamente nadie se toma en serio, y por eso sus actos pasan tan desapercibidos. El verdadero eje en torno al cual gira la banda es Tarkin, una misteriosa mujer con clase, dinero e inteligencia, que lidera a los Alligators desde las sombras. Tarkin (o Tarquin) significa "limo" en árabe, refiriéndose al lodo de las lindes de los ríos, donde acechan los cocodrilos y los caimanes. Fue ese pequeño detalle, y el hecho de usar el cocodrilo como simbología, lo que me hizo darle muchas vueltas musicalmente hablando a las dos ideas que envuelven a esta banda y a su líder.
Lo primero, el misterio, la incertidumbre y las incógnitas. Vuelven los pads oscuros de Night City, vuelven los Jupiter en tonos graves para mantener el puntito ochentero. Pero el "ta-ta-tá" opresivo de la ciudad aparece tan sólo de forma ocasional en los arreglos. El tempo es un 4/4 estático que engaña con algunas anacrusas del bombo en ciertos puntos, porque los Albino Alligators son una banda aparentemente poco importante en Night City de la que poca gente sabe algo. Sin embargo, se mueve entre sus entresijos como las ratas entre las paredes: aparentemente invisibles y sin alterar el orden hasta que, finalmente, se dejan ver con esos actos vandálicos que empiezan a reproducirse por Woodland Park, y en la forma en la que van proliferando en silencio, volviéndose cada vez más y más numerosos, sin que nadie los tome en cuenta mientras campan en territorios ajenos. En ese sentido, las frases y cadencias armónicas discurren de forma paralela pero pegada a los ritmos de Night City: los Albino Alligators saben marcar su propio ritmo sin romper demasiado el esquema general de la ciudad, pero ciertamente, hay algo "extraño" en su forma de actuar que incita a la sospecha y a la curiosidad.
Lo segundo, el punto árabe, o más bien egipcio, que elegí para esta parte de la banda sonora. Como ya expliqué en otros posts de The Time of the Red, las escalas frigias o derivadas suenan exóticas y peligrosas debido los intervalos y acordes inestables. Pero, en este caso, me inspiró la idea del cocodrilo sagrado Sobek, una parte del panteón egipcio. La idea tenía muchos paralelismos con Tarkin, ya que siempre se presentó como una figura idolatrada, a la que sus subalternos de la banda obedecen sin dudar, convencidos de que ella siempre tiene un plan y que lo tiene todo pensado de antemano. Además, Tarkin es una falsa identidad, incluyendo su nuevo aspecto, que encubre su verdadero yo y todos los secretos que guarda, pasando desapercibida como un cocodrilo escondido en el fango, silencioso pero listo para soltar su letal dentellada cuando sea necesario.
Estas dos ideas combinadas me hicieron tomar varias decisiones. Primero, que la música se movería en la escala bizantina (doble mayor armónica), con acordes prestados o arreglos melódicos que de vez en cuando toquen la pentatónica suspendida de la egipcia (cambia la tercera por la cuarta y añade un intervalo de segunda mayor y la séptima mayor al arpegio mayor). Resumiendo, que suena exótico y raro de pelotas y, lo más importante, no pisa el modo frigio que representa mayormente al personaje de Fuego. Pero, y esto es lo que más me gusta, es que esos sutiles cambios de microinterválica le dan ese toque tenso y sutilmente peligroso, con un toque en el misterio y en la incertidumbre que andaba buscando.
Para mas inri aparecen dos nuevos instrumentos haciendo acto de presencia: el qanun punteando de esa forma tan particular, y que además he logrado filtrar con los sintetizadores del Omnisphere y filtros de Waves para que suene todavía más potente, y a la vez sin filtrar para que suene puro y acústico, elegante incluso. Y, por otro lado, el nay o flauta árabe, que representa a su líder, sinuosa como una serpiente, voraz como un caimán, apoderándose del protagonismo melódico cada vez más según avanza la canción.
Resumiendo, la canción pretende cargar de peligrosidad y presencia a los que van a ser, en esencia, los antagonistas de la historia.

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